Literatura Infantil

Pienso que… respecto a la literatura infantil, el hábito de leer, se inicia por imitación del valor de ejemplo de las personas adultas. Y no me refiero única y exclusivamente a los maestros, que también, sino a la imitación de los hábitos de las personas adultas que componen el núcleo familiar. Por supuesto, que como muchas otras cosas en la vida, el hábito de leer también puede adquirirse a una edad más avanzada, pero en este caso requerirá de una mayor fuerza de voluntad y perseverancia.

La lectura constante fomenta la concentración

La generación actual de nuestros jóvenes, en mi opinión, está caracterizada por una oferta multimedia tan amplia, y en la mayoría de los casos interesante, que verdaderamente dificulta la elección por un libro, y más aún en formato papel, en el que la ausencia de audio, vídeo, y ya no digamos de efectos especiales, lo hace de entrada poco atractiva. En mi opinión, y aparco un momento la mente de escritor para dejar aflorar la de padre, lo que debemos ser capaces de transmitir a nuestros hijos (insisto, mediante la impregnación del valor de ejemplo especialmente) es el mundo de creatividad y fantasía que despierta la literatura, consiguiendo que aparezcan en sus mentes el audio y el color del que a menudo las hojas de un libro carece.

Por muy diferentes que sean los perfiles de los jugadores del videojuego de moda (Fortnite) cada uno de ellos posee una misma indumentaria que los caracteriza y los hace exactamente idénticos para todos los jugadores del planeta. Sin embargo, si escribo: Y de repente apareció, como surgido de la nada, un niño de mediana altura, delgado, de cabello pelirrojo, sonrisa burlona y la piel tan extremadamente blanca que resaltaba aún más los centenares de pecas que salpicaban sus mejillas. Si ahora hiciésemos dibujar ese niño a diez pequeños lectores, más allá de las capacidades pictóricas de cada uno, ¿crees qué serían el mismo?

No me considero una persona detractora de los diversos formatos multimedia actuales. Es más, muchos de ellos son utilizados en el ámbito educativo con resultados satisfactorios. Y cada día habrá más y mejor. Tampoco estoy en contra de los videojuegos, tan de moda actualmente, en sí. Estoy de acuerdo con Marc Prensky en que el videojuego aporta competencias de aprendizaje tan interesantes como la concentración o el aprendizaje de la frustración. Pero todo ello no debería hacernos prescindir de las competencias que fomenta la lectura: imaginación, fantasía, creatividad,  comprensión, vocabulario,…e incluso la constancia, a diferencia de la inmediatez que preside nuestra sociedad actual. Recuerdo que cuando inicié mi época directiva, se decía que el pez grande se comía al pequeño. Cuando me fui, los adjetivos grande y pequeño se habían sustituido por los de rápido y lento, respectivamente.

¿Y tú, qué piensas?

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