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En defensa de la juventud II

Pienso que… y hace tiempo que intento ser consecuente con lo que pienso, que la mejor manera de educar no es el reproche sinó el valor de ejemplo.

Que yo sepa, la fecha final del estado de alarma no ha sido decidido por un grupo de jóvenes alocados y desmadrados.

Que yo sepa, este estado de alarma ha durado algo más de un año, y excepciones a parte, nuestra juventud ha sabido cumplir con creces las reglas recomendadas por las autoridades gubernamentales y sanitarias.

Que yo sepa, miles de alumnos no han ido a la huelga reivindicando el derecho a una educación presencial que, del día a la noche se transformó en a distancia sin preguntarles si estaban o no de acuerdo.

Que yo sepa, los que estamos más cerca ya del guateque que de los botellones, en aquellos no se iba a rezar el rosario ni a hacer una cata de  aguas.

Que yo sepa, no he sentido a la juventud en masa reivindicar porque ellos van a ser de los últimos en vacunarse, si son tan egoístas como algunos afirman sin cortapisa alguna.

Que yo sepa, siempre ha habido jóvenes irresponsables y desalmados que en el peor de los casos han acabado siendo carne de prisión, sin que por ello la excepción haya servido para calificar la regla de las generaciones anteriores.

Que yo sepa, y estoy rodeado de: juventud divino tesoro ( y dicho sea de paso,como profesor soy el primero en decir no y en exigir un correcto comportamiento cuando considero que con ello  sumo más que resto), las perspectivas laborales que les estamos ofreciendo, no son precisamente para celebrarlo, y la inmensa mayoría de ellos intentan formarse lo mejor posible para poder abrirse paso.

Que yo sepa, en la Catalunya donde vivo, no son precisamente los jóvenes los incapaces de formar un gobierno eficiente y estable precisamente cuando más se necesita.

Que yo sepa, y conozco unos cuantos, hay adultos ya creciditos que no están dispuestos a vacunarse porque no vaya a ser que me pase algo; ni a llevar la mascarilla, y no por ello los ponemos de ejemplo para calificarnos al resto.

Así que, que yo sepa, ni todos los jóvenes son malos ( y me refiero a los jóvenes de verdad, no a los que por hacer unos cuantos kilómetros a pedal y vestir unas Múnich se meten en el mismo saco) ni los adultos ( que ya no sé si hoy en día se inicia a los 30, 40 o a los 50) nos convertimos automáticamente en santos por el mero hecho de serlos.

Así que, si los adultos han decidido finalizar el estado de alarma, los jóvenes no han olvidado las medidas que debemos seguir manteniendo porque el virus sigue latente, y los sanitarios nos siguen advirtiendo de la importancia de no bajar la guardia, confiemos en la libertad responsable de los individuos que conforman  una sociedad democrática y madura, y dejemos de buscar dianas donde apuntar dardos de impotencia y rabia.

Así que tú y yo, adultos ambos, cada vez que pensemos en criticar a la juventud, pongámonos primero frente al espejo, aceptemos el reflejo, y recordemos aquel jabón que en los 60’s yeyé prometía eterna juventud 24 horas al día.

Tal vez así la próxima vez que tengamos la tentación de criticar a la juventud, recordemos que nosotros también lo fuimos hace unos años.

Y por cierto, que permitan ya abrir el ocio nocturno si se quiere ofrecer un espacio con las medidas de prevención que requiere el momento presente.

¿Y tú, qué piensas?

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