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Nacer para, o aprender a, escribir

Pienso que…cuando me preguntan si se nace para, o se aprende a, escribir, mi respuesta es ecléctica entre ambos extremos.

No considero que sea cuestión de decantarse por el negro o el blanco, sino por el tono de grises que puede ser mayor o menor en relación a las horas que dediquemos a leer y a formarnos.

Yo, personalmente, sigo inmerso en el gris y dudo mucho que pueda salir de él, ni llegando a ser eterno. Y es ahí, probablemente, donde reside la clave: el enamorarse de un gris capaz de llevarte por el resto de colores saltando los obstáculos que haga falta. Stephen King siguió adelante después de que treinta editoriales se negaran a publicar su primera obra, o J.K Rowling obtuvo doce rechazos hasta que un pequeño editor confío en Harry, o treinta y ocho editores se negaron a imprimir la obra de Margaret Mitchell: Lo que el viento se llevó.

Sin comentarios.

Mi experiencia como profesor de creatividad literaria es más beneficiosa para mí que probablemente para mis alumnos. Y lo afirmo, sin falsa modestia, basándome en la implicación e ilusión que muestran las personas que participan en este tipo de cursos.

Durante estas sesiones he intentado mostrar las posibilidades que nos ofrece la literatura en un mundo cada vez más audiovisual :potenciar nuestra imaginación, fantasía, el uso de recursos literarios, aprender a estructurar frases o a destruirlas con cierto arte, o lanzarnos a describir personajes, paisajes, sentimientos…sin olvidarnos de lo terapéutico que puede llegar a ser el enfrentarse a una hoja en blanco, en algunos momentos de la vida.

Hace pocos días terminé de escribir Lazos de Luz, la segunda parte de Sombras de niebla, y compartí con mis alumnos el placer que es poder escribir la palabra Fin, a pesar de no escribirla nunca, como hacemos la mayoría de escritores. La sensación de jubilo es solo comparable al comentario de un lector transmitiéndote que ha disfrutado leyendo tu obra.

 

Espero y deseo que algunos de los asistentes os lancéis a comprobar lo agradable que es perderse en un mundo de fantasía de grises donde la imaginación traspasa los confines planetarios. Así que, si la pregunta es si: nacer para, o aprender a, escribir, la respuesta no puede ser otra que un poco de cada y un mucho de todo lo que puedas.

¿ Y tú, qué piensas?

 

 

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