El doctor Livingstone, supongo

Pienso que…si Henry Morton Stanley, el avezado periodista comisionado por el Herald de Nueva York para dar con el misionero escocés David Livingstone, del que no se tenían noticias desde hacía años, lo encontrara en la aldea, hoy ciudad, de Ujiji, a orillas del lago Tanganica, le haría la misma pregunta, con el mismo timbre, el mismo tono y la misma estampa kinésica de entonces: «El doctor Livingstone, supongo»


Y él, el escocés, el misionero, David Livingstone, después de responder afirmativamente a su pregunta, intercambiaría los papeles preguntándole con idéntica forma, como si de un Déjà vu se tratara: << ¿Qué pasa en el mundo?>>

Y hasta ahí la vivencia presente de raíces pasadas que el Déjà vu representa.

Stanley intentaría ponerlo al día del mundo y los elementos que, dando vueltas día tras noche con él, lo acompañan, lo divierten, lo lastiman, lo atrincheran, o simplemente lo zarandean intentando ver caer una nueva moralidad entre valores que no encuentra.

Y entonces, ese nuevo: << ¿Qué pasa en el mundo?>> de Livingstone, empezaría a alejarse de la copia del tiempo; la voz se tornaría más desabrida, el gesto más incrédulo, la postura más tensa.

Y él, el escocés, el misionero, David Livingstone, dejándose llevar por el eructo crítico que liberaría en fonemas la incomprensión que lo apresa, le hablaría de las nuevas formas de poder, de las verdades ocultas en mentiras de seda, de la capacidad de aislarse en medio de concurridas ciudades, de distraerse en audiovisuales de container y papelera, o del dolor ajeno que el desarrollo tecnológico acercando, incomoda y molesta.

Y entonces, ese, ya tercer interrogante: << ¿Qué pasa en el mundo?>> de Livingstone, incrementaría la desabrida voz, el incrédulo gesto y la tensa postura, añadiendo un nuevo componente de fina ironía en el tono de voz, acompañándola con una mirada de sable sonriente.

Y él, el escocés, el misionero, David Livingstone, entregado ya al borboteo de las sinrazones que constreñían su mente, le hablaría del cambio climático, y del ascenso incontrolado de esa inteligencia artificial que llevará al ser humano a un segundo plano o aún peor, a la vida terrenal eterna, y de los nuevos continentes llamados Internet y Redes Sociales y Business Intelligence y Fake News… y de la nueva esclavitud de los macrotiranos llegados al poder, democráticamente, cual Hitler al uso, a saber con qué intenciones: como Google y sus esbirros Big Data.

E incluso, venido arriba, le confesaría que algo, antaño tan baladí, como reflexionar o leer, ya no están de moda. E intentando disimular la humedad de sus ojos, le haría saber que la gente prefiere invertir su tiempo en ver convivir a unos desconocidos, que intentan intercambiar intimidad por fama y algo de dinero, o aún mejor, prefieren dedicar tiempo a enfocar bien la foto del bistec con patatas que acaban de servirles para poder enviarla de inmediato a los miles de amigos virtuales que tienen, cruzando los dedos para que el número de likes recibidos compense lo asquerosamente mal que sabe.

Y entonces, un último: << ¿Qué pasa en el mundo?>> de Livingstone, cambiaría el presente por el pasado, y la voz por el silencio, y el silencio por la ironía, y la ironía por la lágrima, y la lágrima por la sonrisa de saberse desaparecido.

¿Y tú, qué piensas?

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