Tiempo vacacional

Pienso que… la dedicación prioritaria a la familia, y también a las amistades y a la sociedad en general, debe ser algo irrenunciable, a pesar de estar inmersos en una sociedad que pretende hacernos consumir tiempo en absurdos chismorreos digitales.

Después de estar unos días recorriendo la acogedora Galicia, he estado con mi familia unos días en un hotel de la Costa Brava, y como acostumbro a hacer por defecto, observo de soslayo los comportamientos de la sociedad, de la que formo parte, para lo bueno y lo malo.

Es bastante lamentable ver lo fácil que el ser humano, como especie, tiende a esclavizarse. Sobre todo cuando la esclavitud bebe de la fuente de la libertad, porque entonces más que esclavitud, como algo que nos perjudica, corremos el riesgo de llamarlo afición, como algo que nos entretiene, divierte e incluso nos define, al par que ocupa buena parte de nuestro tiempo.

Observar la cantidad de horas que se le resta a la familia, a la lectura, al ejercicio físico, a conversar …o simplemente a escuchar el silencio, a favor del móvil, es algo que, personalmente, me preocupa y me da que pensar. Triste, y mucho, ver como algunas madres y padres prefieren dedicar su atención al móvil que a compartir tiempo de juegos con sus hijos pequeños.

Hace cuatro o cinco meses no tenía Facebook ni Instagram, y sí ,entiendo que para muchos sea difícil lo que voy a escribir pero os aseguro que para mí así era: podía respirar, e incluso vivir sin formar parte de ellas. ¿Increíble? Quizá sí, pero cierto.

Mi relación con las redes sociales, hasta hace unos meses, se limitaba a un Linkedin que actualizaba muy de vez en cuando. Entendí que, a propuesta de mi editorial, estar en las redes era algo necesario hoy en día, y, cuatro o cinco meses después de estar en ellas, he de reconocer, que tienen aspectos muy interesantes. En mi caso, me ha permitido dar a conocer mi primera novela a personas muy interesantes ( que no cito, por temor a dejarme alguna en el tintero).

Pero tengo claro que el móvil no va a robarme el tiempo que deseo dedicar a mi familia. Tengo claro que soy yo el que lo utiliza y no él quien va a conseguir esclavizarme, utilizando una hipnosis lenta pero efectiva a base de imágenes, comentarios o vídeos, en ocasiones, a cuál de ellos más absurdo y soporífero.

Entiendo, y permitirme que os traslade esta reflexión, que si llego a los sesenta, setenta…seguirá habiendo móviles (posiblemente ya los tendremos incorporados en la piel o el cerebro) pero para ese entonces, es muy posible que mis tres hijos ya hayan echado a volar, y mi mujer también, si hago ver que la escucho centrando mis neuronas en una pantalla de 5 pulgadas. Por tanto es ahora, hoy, en el presente, cuando debo dedicarles el tiempo y la atención que necesitan y se merecen. No vaya a ser que cuando uno sea anciano, si la fortuna le sonríe, hagan ellos conmigo lo mismo que esos padres y madres que prefieren las imágenes de una pantalla a ver la sonrisa que emerge en sus hijos al tirarles una, diez, o cien veces una pelota en medio de una veraniega piscina.

¿Y tú, qué piensas?

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