Sísteso, una historia para un confinamiento

Pienso que…en estos días lentos de confinamiento para los adultos, el tiempo se adormece aún más entre las manos de nuestros jóvenes y pequeños.

Pensando en ellas y ellos, he decidido iniciar una historia juvenil llamada Sísteso.

En esta página te dejo escrito el prólogo y el primer capítulo, y te anuncio, que poco a poco iré escribiendo la historia en la plataforma Wattpad. Y lo haré de forma gratuita para que puedas permitirte el lujo de leer a coste cero.

Si deseas ir adentrándote en la historia, solo tendrás que acceder a Wattpad y escribir en su buscador ( lupa) Javier Correa Escritor. Allí te aparecerá la portada de la imagen inferior, y podrás ir descubriendo la vida de Celénea y Mardávori.

Espero y deseo que disfrutes de esta historia, y como dicen en el planeta Sísteso:

 ¡ Que tu mente sea de paz y tu puño de valor!

Prólogo

Hace miles de lunas llenas existió un planeta en la Galaxia de Luz llamado Sísteso.

Los sisterios, como se conocía a los habitantes de Sísteso, cultivaban la tierra y cuidaban sus costumbres ancestrales enseñando, de generación en generación, el oficio de artesano, el arte de la lucha y el saber que contenían Los mil y un libros del Saber.

La tierra, que para los sisterios era lo más bello de su planeta después de la Luna que los iluminaba,  era trabajada con gran mimo para conseguir que diera sus mejores frutos. Entre los sisterios, aunque nadie lo reconocía abiertamente, había una sana competición por ver quién era capaz de conseguir los fluz (frutos de luz) más hermosos.

En Sísteso había dos tipos de fluz: los comestibles (que consumían en silencio en respeto a la vida que habían arrancado a la tierra) y los decorativos (que utilizaban para adornar sus actos festivos).

En el tiempo de Sísteso, cada luna llena iniciaba un nuevo ciclo de lunas menores ( lo equivalente a los días del Planeta Tierra), y cada doce lunas llenas se iniciaba un nuevo viento ( lo que equivaldría a un nuevo año para los terrícolas).

Cada nuevo ciclo de viento llevaba el nombre de un fluz decorativo, y se iniciaba con una gran fiesta donde el fluz elegido era el protagonista, y donde los sisterios le rendían tributo de las más diversas formas: creando canciones, poesías, decorando sus mantos de gala, …

En el momento en que se inicia esta historia, Sísteso vivía en la época del Viento de Jazmín.

La artesanía, el arte de la lucha y Los mil y un libros del Saber, eran enseñados a los sisterios desde pequeños. A una edad temprana (ciento cincuenta seis lunas llenas que correspondía a los trece años del Planeta Tierra) los jóvenes sisterios ya se habían convertido en grandes artesanos y deportistas versados en el arte de la lucha. Lucha que estaba prohibida entre ellos, y que practicaban a diario para defenderse de una posible invasión planetaria.

La asignatura del saber, a diferencia de la artesanía y el deporte de la lucha, requería un aprendizaje a lo largo de la vida, y en la mayoría de casos, muchos de los sisterios no conseguían terminar Los mil y un libros del Saber antes de convertirse en polvo de luz.

Entre los sisterios, llegar a una edad adulta sin haber finalizado más de ocho cientos libros del saber, estaba bastante mal visto. Y al contrario: conseguir leer Los mil y un libros del Saber, convertía a un sisterio en Serulto: un título de prestigio que les abría las puertas del Senado.

 El Senado, formado por todos los serultos de Sísteso, estaba presidido por el Gran Maestro o Maestra Serabio.

Los serabios eran las diez personas más importantes de Sísteso; los únicos poseedores de los poderes sobrenaturales que otorgaban los Bastones de Luz.

Para convertirse en Serabio los aspirantes debían superar diez pruebas de suma dificultad; alguna de las cuales podía conllevar la propia muerte, o como se decía en Sísteso, el tránsito a polvo de luz.

Las difíciles pruebas que permitían convertirte en Serabio, se iniciaban tres días después del tránsito a polvo de luz del Serabio fallecido, ya que, según rezaba en el Libro de Luz,  el número de serabios no podía sobrepasar la decena.

Convertirse en Serabio comportaba, además de demostrar una serie de facultades fuera de lo común, jurar  los mandamientos del Libro de Luz : el manual sagrado del planeta de Sísteso que mostraba a los serabios como debían dirigir su pueblo;  y al que estos dedicaban buena parte de su vida intentando memorizar sus más de tres mil páginas.

La Gran Ceremonia de proclamación de un nuevo Serabio, era presidida por la Gran Maestra o Maestro, que era el Serabio de mayor edad, en un acto público multitudinario y festivo al que acudían buena parte de los habitantes de Sísteso.

Al finalizar el acto, después de que el nuevo Serabio jurara cumplir con los preceptos del Libro de Luz, el Gran Maestro daba la bienvenida al nuevo Serabio haciéndole entrega de su Bastón de Luz.

El Bastón de Luz era una vara alargada  de madera, cortado de una de las ramas de Flog ( el gigantesco y único árbol milenario que marcaba el epicentro de Sísteso, plantado por la enigmática civilización que habitó Sísteso antes de los sisterios  ) que irradiaba luz al ser sujeto por las manos de un Serabio.

Cada uno de los diez Bastones de Luz era de un color de luz diferente, que solo podía ser visto por los otros serabios, y por el resto de sisterios durante las noches de las Dos Lunas.

Durante la noche de las Dos Lunas, los serabios y el resto de sisterios corrían un grave peligro, pues su planeta era visto con claridad por habitantes de otros planetas de la galaxia, y según estaba escrito en el Libro de Luz, el planeta perecería cuando el Bastón de Luz Blanca del Gran Maestro, acabara en manos de un habitante de otra civilización.

El destronamiento serábico, era lo más temido para los habitantes de Sísteso, y por esa razón, todos los sisterios no dejaban de practicar el arte de la lucha desde su nacimiento hasta su conversión en polvo de luz.

Una leyenda sistérica afirmaba que el milenario Flog contenía en sus ramas el mensaje de lo que había hecho desaparecer de Sísteso a la civilización anterior pero hasta ese momento nadie, ni siquiera los serabios, habían conseguido descifrar el mensaje.

El amor a su planeta, la sabiduría y el dominio del arte de la lucha de los sisterios los hacía poco apetecibles a ser conquistados por los habitantes de los otros planetas de la Galaxia de Luz, pero todo podía cambiar de un momento a otro.

Capítulo 1

En el tiempo de la tercera luna de Segunda Luna Llena de Viento Jazmín.

En casa de Mardávori, sus padres están algo nerviosos porque su único hijo está a punto de iniciar las temidas pruebas que pueden convertirle en Serabio, en uno de los miles de aspirantes sisterios que habrán fracasado, o en un puñado de cenizas, en el peor de los casos.

Tres días atrás, la anciana Serabia Bigiadata había hecho su tránsito a Polvo de Luz. Ella, poseedora del Gran Bastón Verde de Luz (el que correspondía a la esperanza), había sido una Serabio ejemplar para sus ciudadanos. En los momentos más difíciles que había pasado su pueblo, su sabiduría siempre había dado un halo de optimismo y esperanza.

La Ceremonia de Tránsito era el nombre que recibía el ritual donde los sisterios despedían a sus hermanos.

La Ceremonia,  que acostumbraban a ser muy concurridas, se iniciaba con el fuego de luz. El fuego en el que un miembro de la familia encendía el fuego que convertía en ceniza al cuerpo del difunto. Y después, tras esperar a que el fuego se consumiera, la expectación entre los asistentes a la Ceremonia de Tránsito era máxima. Todos ellos alzaban sus miradas al cielo esperando que una llama de luz brotara de pronto en medio de él. La llama, además del gran alivio que suponía para los miembros de la familia, indicaba que aquel sisterio había tenido una vida digna y de provecho para su pueblo.  La llama descendía poco a poco acercándose a las cenizas para convertirlas en polvo de luz.  Y el polvo de luz que por un instante dibujaba la silueta más bella del sisterio fallecido ascendía lentamente al firmamento para convertirse en un Ojo de Luz. Durante la ascensión, los sisterios iniciaban sus cánticos ancestrales con las manos entrelazadas y los ojos señalando el polvo de luz que cada vez, al ascender, se hacía más y más pequeño. Y cuando dejaba de verse, se iniciaba la Danza del Ojo de Luz: danza que se bailaba para celebrar el nuevo Ojo de Luz que había en el firmamento, observando y protegiendo a su pueblo.

Pero si la llama de luz no brotaba del firmamento, y la ceniza seguía siendo ceniza, el sisterio de mayor edad de esa familia debía decidir que miembro de ella era desterrado a  Cidín, la ciudad más alejada de Olimecén, la capital de Sísteso. Y todos los sisterios presentes regresaban en silencio a sus casas pensando que la vida de aquel hermano había sido en balde.

Cidín, era conocida entre los sisterios como la Ciudad de las Cenizas.

En la Ceremonia del Tránsito de Bigiadata, la llama no se hizo esperar y nació con una inmensa luz  en medio del firmamento, descendiendo rauda a convertir las cenizas de Bigiadata en polvo de luz. Y en polvo de luz ascendió lentamente al firmamento, entre los alegres cánticos de miles de sisterios. Y cuando el polvo de luz dejó de verse para convertirse en Ojo de Luz, el pueblo sisterio inicio la Danza del Ojo, repitiendo el baile decenas de veces en tributo póstumo a su querida Bigiadata.

Durante la noche, Mardávori no paró de dar vueltas arriba y abajo por su casa. Desde que supo que Bigiadata había enfermado, no había hecho otra cosa que prepararse para las pruebas. Se había obsesionado de tal manera que solo pensaba en estudiar, razonar y ejercitarse, a lo largo de las lunas.  Todo entrenamiento le parecía insuficiente, y toda actividad que no fuera entrenar, como descansar o alimentarse: una pérdida de tiempo.

Lectura, deporte, valor y templanza, eran los ejes sobre los que giraban las diez pruebas que acabarían proclamando al vencedor.

La luna de la mañana que daba inicio a las pruebas, despertó más grande de lo habitual, y la luz que reinaba en todo el planeta Sísteso era más blanca y radiante que de costumbre. Mardávori apenas había dormido tres horas, pero no le importaba, se sentía fuerte y confiado, aunque sabía que miles de aspirantes compartían sus mismas sensaciones, en esos instantes.

Todos los habitantes de Sísteso se habían despertado temprano para poder llegar con tiempo a la inauguración de las pruebas. Para los sisterios la celebración de las pruebas era uno de los actos festivos más importantes, y festivos de su pueblo, al que acudían provenientes de todas la ciudades del planeta, ataviados con sus mejores galas.

A la hora en punto de la media luna (lo que equivale a nuestras doce hora del mediodía), la Gran Maestra Téruta, la Serabio de mayor edad poseedora del Bastón de Luz Blanco (el bastón de la perfección, y el único que podía ser nombrado con la palabra luz antes de su color), dio la bienvenida al Templo de Luz a todos los habitantes de Sísteso.

El Templo de Luz, situado en la ciudad de Olimecén, la ciudad más importante de Sísteso donde residían los serabios y se hallaba la sede del Senado, era un pabellón gigante con forma de manzana y paredes de luces de colores, que ningún sisterio había sido capaz de atravesar.

Según estaba escrito en el Libro de Luz, solo un sisterio de pura luz, podría atravesar las paredes del Templo. Y hasta la época presente ningún sisterio, ni siquiera los serabios, había conseguido atravesar sus paredes de luz.

El Templo era tan inmenso, que podía albergar a todos los habitantes de Sísteso y a una persona más. Aunque nadie entendía porque durante generaciones se había seguido diciendo: «y a una persona más». Si podía albergar a todos los habitantes de Sísteso, ¿qué sentido tenía decir: «… y a una persona más»?

La Gran Maestra Téruta, espero a que todos los sisterios tomaran asiento, y acto seguido se levantó de su silla, alzando en alto su Bastón de Luz. Todos callaron de pronto para poder escuchar a la Gran Maestra, aunque solo el resto de serabios pudieron ver también la inmensa luz que irradiaba su bastón.

– Bienvenidos a Olimecén y a su Templo de Luz, habitantes de Sísteso – dijo abriendo los brazos en forma de cruz – Hoy, como bien sabéis todos, iniciamos las pruebas que nos llevarán a conocer al nuevo Serabio que heredará el Gran Bastón de Verde Luz, que con tanta maestría poseyó, durante cientos de lunas llenas, nuestra amada Serabia Bigiadata, de luz fueron sus cenizas.

– ¡De luz fueron sus cenizas! – respondieron al unísono todos los sisterios, alzando sus brazos en alto y mirando al techo del templo.

– El Gran Bastón de Verde Luz – continuó hablando la Gran Maestra Téruta – ha guiado a este pueblo por el camino de las grandes estrellas blancas, permitiéndonos superar momentos difíciles con su verde luz esperanza.

Por eso, aspirantes a Serabio – dijo alzando la voz – solo aquel de vosotros que demuestre estar mejor preparado, será digno de convertirse en el amo del Gran Bastón de Luz Verde. Y para ello, como sabéis, deberéis superar diez pruebas. Pruebas que os anuncio serán más difíciles de lo que habéis podido imaginar.

La mayoría de vosotros – continuó diciendo centrando su mirada en los cientos de aspirantes – no conseguiréis superar la primera de ellas, pero el hecho de presentaros como aspirantes ya dice mucho de vuestra confianza, de vuestra valentía y de vuestra sabiduría. No os convirtáis en fracasados si no lo conseguís. Solo una o uno de vosotros será capaz de superar todas ellas. Así que el resto, regresad a vuestras casas, con vuestras familias, con la cabeza bien alta, y proponeros en vuestras vidas convertiros en sisterios dignos para vuestras familias y nuestro pueblo. Convertiros en sisterios dignos del amor de vuestros hermanos, y de la llama de luz que un día convertirá vuestras cenizas en Ojos de Luz eternos.

¡Que tu mente sea de paz y tu puño de valor! – proclamó Téruta mirando a los aspirantes después de dedicarles las primeras palabras.

– ¡Que tu mente sea de paz y tu puño de valor! – respondieron al unísono todos los aspirantes, alzando sus voces.

– Y por último – continuo la Gran Maestra – como es tradición en nuestro planeta os leeré las  últimas palabras que dejo escritas nuestra hermana Bigiadata.

El silencio se hizo sepulcral en Templo de Luz,  y la emoción se hizo palpable en el brillo de miles de ojos sisterios.

Queridos hermanos sisterios, el tiempo desaparece al final del camino de estrellas. Largas lunas llenas, he tenido la fortuna de contemplar antes de llegar hasta aquí. De todas no puedo acordarme, solo de algunas; suficientes para preguntarme si fui un Serabio digno para mi pueblo, e insuficientes para dar la respuesta que solo a vosotros corresponde. En breve mi cuerpo será ceniza, y mi deseo es haber sido digna de conseguir la llama que la convierta en polvo de luz y en Ojo de Luz eterno.

Y a vosotros, aspirantes a poseer el Gran Bastón de Verde Luz, que con dignidad he intentado merecer durante tantas lunas llenas, quiero dedicaros mis últimas palabras. 

No olvidéis nunca que, solo aquel que conoce el miedo, la debilidad y la ignorancia, podrá poseer el valor, la fortaleza y la sabiduría» – leyó lentamente la Gran Maestra Téruta, mientras los habitantes de Sísteso intentaban controlar su emoción entrelazando sus manos, como era costumbre.

– ¡Que empiecen las pruebas! – gritó la Gran Maestra Téruta – ¡Que tu mente sea de paz y tu puño de valor!

– ¡Que tu mente sea de paz y tu puño de valor! – gritaron con fuerza todos los presentes alzando sus brazos festivamente.

– Que tu mente sea de paz y tu puño de valor – murmuró Mardávori  mirándose las palmas de la mano y pensando que había llegado el gran momento.

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