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Noah Gordon

Pienso que…el escritor Noah Gordon no traspasará nunca el tiempo. Y no lo hará, no por haber sido un escritor en mayúsculas, que también, sino porqué sus lectores seguiremos ahí haciendo que perviva entre nosotros a pesar de ir cayendo unos y naciendo otros.

Y seguiremos ahí, recomendando sus historias, como hice hace pocos días a una de mis lectoras. Ahí, esperando que alguien abra sus páginas para dar de nuevo alas a sus personajes, a sus paisajes, a sus diálogos, hasta a los puntos y comas que las llevarán a volar alto antes de sucumbir para poder iniciar un nuevo vuelo.

Por eso Noah Gordon no traspasará nunca el tiempo.

Aquellos que osamos llamarnos escritores, con mayor o menor acierto, sabemos que el mismo arte que nos libera, esclaviza nuestras historias entre láminas de árboles cosidas en lomos. Y escribimos conscientes de ello, llevados por la esperanza de que haya alguien dispuesto a mostrar luz a nuestras palabras, a darles vida de nuevo, a permitir que aquellas letras vuelvan a nacer una tras otra con mayor celeridad de lo que fuimos capaces de hacerlo.

Por eso Noah Gordon no traspasará nunca el tiempo.

Me gusta pensar, e imagino que es uno de esos: me gusta pensar, compartido por otros , que cada ejemplar de nuestras historias despliega una vida única e independiente. Algunas de esas vidas tal vez se adquirieron para formar parte de legiones de libros presos; tal vez para adornar pomposas bibliotecas de fachada propia y asombro ajeno; quizá para observar como amarilleaban por fuera con el paso del tiempo, acumulando un polvo que no permitirían en cualquier móvil ajeno; incluso habrá quienes las adquieran con la intención de leerlas, de vivir su trama en primera persona, y aún más allá, de recomendar su vivencia si han sentido placer al hacerlo.

Por eso Noah Gordon no traspasará nunca el tiempo.

A veces, cuando me pierdo en la soledad de mi escritorio intentando encontrar las musas de mis cuentos, me doy cuenta de que en ese lugar no existe el tiempo; ni el odio, ni la envidia, ni ese absurdo consumo llamado blackfriday que nos hace correr alocados sin darnos cuenta de estar  haciéndolo en un círculo concéntrico. Ahí, en ese ahí de mi escritorio, solo hay silencio, imaginación y fantasía: ingredientes de una libertad libre de ataduras.

Y en esa soledad, con ese silencio, con esa imaginación y con esa fantasía, Noah Gordon, debió  vivir largo tiempo, consciente de que mientras estaba allí todo fluía como una perfecta melodía, ajeno a esos otros mundos, a veces tan simples a veces tan superfluos.

Por eso, y por mucho más, Noah Gordon, no traspasará nunca el tiempo.

Javier Correa
Escritor

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