Ni es Sant Jordi, ni lo parece

Pienso que… decir que el blanco es un negro camuflado o el tinte huido de un color alegre, podría cobrar vida entre los versos de una poesía o las metáforas de una novela. Pero ni el blanco es negro ni, que yo sepa, es alegre. Como tampoco hoy es Sant Jordi, ni lo parece.

La frustración, esa sensación que tanto ayuda en el proceso madurativo de las personas, no está de moda. Solo hace falta comprobar la cantidad de individuos que no la conocen, desafortunadamente para ellos y la sociedad que los acoge.

Podemos jugar con el calendario, y decir que el 11 de septiembre es el 6 de enero y llevar éste hasta el 1 de mayo, si nos apetece, pero de nada servirá hacerlo.

Sant Jordi, es sin duda, una de las fiestas más bonitas de Catalunya. Un día donde la literatura y la leyenda de la rosa caminan de la mano, despertando emociones hasta en los rescoldos más íntimos de sus ciudades y pueblos. Recomiendo a todo aquel que no ha visitado Catalunya se anime a hacerlo un 23 de abril próximo, si quiere experimentar la sensación de formar parte de una de las mejores fiestas de una tierra de acogida y buena gente.

Pero hoy no es Sant Jordi ni lo parece, y sí, yo también me cuento entre los afectados, como lo son los libreros, los editores y hasta los propios lectores que disfrutan hojeando sinopsis antes de elegir una, pero ello no debería silenciar el preguntarnos: ¿qué sentido tiene cambiar una fecha de mármol, aunque sea solo excepcionalmente?

Y ahí, precisamente ahí, es cuando la simple frustración que debería llevarnos a asumir con naturalidad la peculiaridad del momento presente, cede paso a una cierta sensación de desaliento. El desaliento de saber que la compra de libros, su lectura y todas y cada una de las variopintas formas que conforman el mundo literario, no están pasando su mejor momento. Y para ello no hay plan renove del gobierno, ni de éste ni de aquel, que yo conozca. Tal vez porque la cultura es algo secundario, o aún peor, algo no prioritario.

Si el propósito del cambio de fecha se ha hecho con la única finalidad de salvar el día de caja más alegre de los libreros, el mero hecho en sí, ya define la sociedad en la que nos estamos convirtiendo a pasos agigantados. Triste que sea así. Triste que la fiesta del libro no lo sea a diario, como debería serlo la de la rosa, la del cine, la de la música, la del teatro,… la de esa cultura que nos permite ser mejor personas liberando nuestra ignorancia. ¿Utopía?, quizá sí; o quizá sea solo el sueño despierto de una Ítaca lejana.

Así que yo, hoy y personalmente, acudiré al evento al que he sido invitado para celebrar uno de los tres cientos sesenta y cinco días del arte y la cultura, y, si por casualidad alguien me pregunta: ¿qué le parece la nueva diada de Sant Jordi?, no dudaré en responderle:

– No se confunda usted; hoy ni es Sant Jordi, ni lo parece.

¿ Y tú, qué piensas?

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