Inversión o dispendio

Pienso que…tantas fotografías, mítines, vallas publicitarias, carteles…y demás artículos de promoción electoral, deben parecer insuficientes, a los diferentes partidos políticos, para conseguir el mayor número de  votos posibles. ¿Pero son eficaces  o aún más, eficientes? Me temo que no. O no en la medida en la que la inversión se vuelve rentable.
El domingo veintiséis de mayo tuve la gran suerte de estar de presidente en una mesa electoral. Llegué a las ocho de la mañana y salí de la puerta de los juzgados pasadas las doce de la noche, por tanto, ya al día siguiente. Me pareció una experiencia, sin más. El adjetivo de auténtico coñazo que le habría dado a primera hora de la mañana, fue revertiendo hasta mediodía, para acabar volviendo a él a partir de media tarde.Un adjetivo bumerán.
Aproveché la jornada para conocer a las dos agradables personas con las que compartí mesa. También para agradecer a todos y cada uno de los votantes el hecho de acudir a las urnas. Y además, un poco cansado de ver el marketing decimonónico de Urna democráticalos partidos políticos, me dedique a hacer algunas preguntas.

¿Cree usted que son necesarias tantas decenas de miles de papeletas? ¿Ha leído usted los sobres que ha recibido de los diferentes partidos políticos, a veces por duplicado? ¿Cree usted que ver el retrato de un candidato estampado en decenas de farolas, le ha hecho decidir o decantar su voto? Las preguntas competían entre sí con un grado de anormalidad fuera de lo que mis neuronas me permiten, pero debía hacerlo. Y las respuestas, fueron por unanimidad de dos tipos: no y negativas. Da que pensar.

Quizá algún día algún gurú del marketing pensará que la campaña en sí sería comunicar a la ciudadanía que son los primeros en dejar de convertir a las ciudades en museos ambulantes de retratos. O pensará que la campaña en sí sería comunicar a la ciudadanía que dejan de imprimirse miles de sobres que se reciclan sin abrirse, la mayoría de las veces. Incluso se dará cuenta de que la población actual no es tan corta como creen, ni tan ingenua como para dejarse llevar por el sobre más bonito o la sonrisa más falsa.

Pero hasta entonces, nos seguirán diciendo que el coste electoral es una inversión y no un dispendio innecesario.

¿Y tú, qué piensas?

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