Fake News o Noticias Máscara

Pienso que…va a ser interesante, incluso divertido, por utilitzar el prisma optimista para ver la cruda realidad que nos viene encima, familiarizarnos a diario con las Fake News, a las que prefiero llamar: Noticias Máscara.

Noticias Máscara, o la facilidad con que la sociedad actual puede generar noticias que se espaden como la pólvora, o se convierten en virales a una velocidad supersónica.

Estas Noticias Máscara, beben de unas raíces que hemos dejado crecer con la ingenuidad que comporta el comprobar, a posteriori, los problemas de un ascenso tecnológico imparable.

Esta plena libertad para editar y compartir todo aquello, o prácticamente todo aquello, que me venga en gana, sin el menor contraste, ni tan si quiera moral, con la realidad, y, el consecuente beneplácito de los Google, Facebook, Twitter y compañía, nos lleva a una cuarta fase del saber universal, que deberíamos evitar adjetivar un día de peligrosa.

 

La primera encarceló el conocimiento en los monasterios y la alta aristocracia; la segunda la abrió a todos aquellos que pudieran permitírsela; la tercera permitió que la educación pasará de ser un privilegio a un derecho, y esta cuarta, ha enterrado el saber universal de las Enciclopedia Británica, las Larousse o las Espasa-Calpe, por citar algunas, entre los miles de millones de noticias que a diario genera internet, gracias al mecenazgo de Google, Facebook, Twitter y compañía.

Que la prensa sensacionalista no es un fenómeno nuevo, es algo evidente. El inicio de esta prensa amarilla, henchida de titulares amarillos escandalosos con la única intención de captar la atención del paseante lector, se remonta a mediados de la década de los noventa del mil ochocientos; a la batalla periodística entre el diario New York World, de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearst.

Esa prensa amarilla incipiente (que debe el nombre al personaje llamado The Yellow Kid, el chico amarillo, del polifacético Richard F. Outcault), tuvo a bien primar el sensacionalismo que incrementaba los ingresos contables, por encima del criterio de veracidad y seriedad que podía distinguir el sello editorial.

Por tanto, insisto, de nuevo, poco o nada amigos.

El origen del pecado actual pues, si no reside en la manzana, debe residir en otro aspecto que, permita utilizar con criterio la expresión cruda realidad de mi primer párrafo. Y éste no es otro, desde mi punto de vista, que el de la explosión y velocidad que una noticia, sin contrastar, puede ser capaz de dar la vuelta al planeta, o darla varias veces cual bumerán al uso, en un tiempo ínfimo o miserable.

Hay además otro aspecto, que no quiero dejar pasar, y perdónenme los ofendidos, que comporta esta multiplicación de las bolas y los bulos, y no es otro que el fenómeno del analfabetismo digital (al cual dedicaré otro de mis Pienso que…). Es decir, la capacidad de una persona de estar todo el día leyendo  (generalmente en un dispositivo móvil) con el milagro de no incrementar ni un ápice su fondo intelectual. “El iletrado lector”, lo titularé más adelante ( añadiría consumado, pero tengo dudas de donde ubicar el adjetivo).

Y otro más: el peligro que conlleva esa manipulación informativa para la democracia. Sí, esa prestigiosa señora que a medida que, por primera vez, envejece, en vez de cuidarla con mimo y cariño, le vamos poniendo más carga a su espalda, sin darnos cuenta de que en su andar dibuja ya ciertos síntomas de flaqueza.

Termino con un experimento que comparto contigo: de estas dos noticias que escribo a continuación, hay un par que son falsas. Bueno en realidad las dos son verdaderas. No, disculpar, la primera es falsa y la segunda no lo es. Perdón, quería decir, ahora sí, que la primera es cierta y la segunda no.

¿O era al revés?

Encuentran un cuadro de Dalí, en una de las dependencias del Castillo de Chaumont, al norte de Irlanda, propiedad de la familia Stevenson.

El marcado arte surrealista, las líneas redondeadas, las imágenes deformadas y el protagonismo del tiempo como concepto abstracto, no dejan la menor duda, a los expertos en arte, de que el anonimato lienzo es obra de Dalí. Quizá de un Dalí poco dispuesto a desobeder el mandato impuesto por Gala de dejar la pintura con su firma en suspenso.

 

El escritor estadounidense Stephen King, llega a ser tan prolífico que, siguiendo el consejo de su editorial, decidió escribir algunas de sus obras con el sobrenombre de Richard Bachman.

¿Y tú, qué piensas?

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