El placer de escribir

Pienso que… es fácil pensar, o aún peor creer, que todo el tiempo pretérito literario fue mejor.

Es fácil pensar que en ese ayer, idolatrado a veces por el olvido, a veces por la ignorancia, cualquier pluma de medio brillo tenía las puertas abiertas de las más prestigiosas editoriales; además de miles de ávidos lectores deseosos de atrapar su obra entre sus pupilas.

Ayer, pero el ayer de verdad y no la sinécdoque del pasado, escuché horrorizado en una importante emisora de radio, decir a una editora que la autoedición se había iniciado a raíz de internet.

Por suerte, fue inmediata la reacción del resto de contertulios especificando que no era así, que el propio Federico García Lorca o Damaso Alonso tuvieron que autoeditarse antes de llegar a tener su apellido escrito en mayúsculas.

Menos mal, pensé.

Tal vez, sí sea cierto, que los escritores que hoy empezamos, debemos compaginar las horas de creación ( con mayor o menor inspiración en función del día) con otros quehaceres más mediáticos como la promoción de nuestras obras en todos los Mass media posibles: prensa, radio, redes,…

Y esas actividades, todas ellas, paralelas y necesarias, restan tiempo a la creación literaria, sin duda.

Este escrito, sin ir más lejos, forma parte de una de esas actividades de promoción, aunque dicho sea de paso, en mi caso, ha pasado de ser una proclama de: ¡estoy vivo y escribo!, a una labor realizada con cada vez más placer, a medida que he ido engordando la web desde la que escribo.

Tampoco creo que el oficio de escritor acarree, de per se, una dificultad mayor que la de convertirse en un buen periodista, enfermera o lampista, toda vez que, para un alto porcentaje de las personas que escribimos, al no tener en la literatura el principal sustento de nuestra supervivencia, dejamos que la pluma fluya sin más estrecheces que las propias limitaciones de cada uno.


El pasado viernes tuve la oportunidad de asistir a la VI Gala de los premios literarios de la editorial Círculo Rojo; Sombras de niebla, era una de las tres nominadas en su categoría, y, de haber tenido la oportunidad de hablar al resto de asistentes, me habría dirigido a aquellas personas que sueñan con escribir, y también a todas aquellas para las que escribir es un sueño.

A todas les habría animado a hacerlo, no con la intención de convertirse en escritoras asalariadas, sino para hacerlo por el mero placer de escribir en primera persona, de permitirse abocar en un papel aquello que piensas, de observar la delicadeza con la que las palabras pueden desnudar aquello que sientes.

Y hacerlo, escribir, y siempre, con la humildad de querer compartir, con la alegría de vivir la vida en presente y con la certeza de saber que nadie tiene el derecho de escribir tu apellido sin la mayúscula que mereces.

¿Y tú, qué piensas?

CompARTE ESTE ARTÍCULO

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on print
Share on email

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies