Me concedo la libertad de acuñar el término IAveganista, iluminándolo sobre el mismo pentagrama que el escritor y activista Cory Doctorow, se refiere al de Zuckervegano; resumiendo el estandarte de su alerta social, a la que me sumo, con su frase:
«La único forma de ganar una batalla ideológica es exterminando la imaginación, y eso es lo que intenta el neoliberalismo a través de la tecnología».
¿Por qué IAveganista?
Primero, porqué en plena fase creativa de mi cuarta novela, la documentación en la que estoy inmerso relativa a los riesgos que comporta la parva regulación jurídica internacional de la más vanguardista Inteligencia Artificial, avanzando a una velocidad descontrolada y supersónica, es espeluznante.
Segundo, porqué si te dijera que existen laboratorios clandestinos en manos de desalmados que disponen esa puntera inteligencia artificial hacia fines deshumanizantes, agradecerías vivir en la más pura ignorancia como lo hacía yo antes de empezar a documentarme.
Y tercero, silenciando varios motivos más para no deprimirnos, porqué me preocupa y entristece sempiternamente comprobar el incremento exponencial de lo que se ha bautizado como: externalización cognitiva, y los peligros adheridos a ella que intentaré resumirte.
La externalización cognitiva
Memoria.
No hace demasiado tiempo, quienes arrastramos algunas décadas en nuestro caminar diario, eramos capaces de memorizar más de una docena de teléfonos sin ningún problema.
Actualmente, yo mismo lo confieso, no me atrevería a apostar ni un euro si me hicieran enumerar el de mi mujer e hijos, por más tentador que fuera el premio.
Cálculo.
No hace mucho tiempo, los comerciantes y cualquier alma de a pie entre las que me encuentro, podíamos sumar mentalmente 355 más 420 con el teclado de nuestro cerebro, transformando los dos sumandos en los tres: 300, 400 y 75, para facilitarnos el resultado, entre otras varias estrategias.
Actualmente, el icono de la calculadora del móvil nos recuerda continuamente estar a nuestra disposición para realizar cualquier operación matemática que precisemos, además de ayudarnos a alelar nuestro cerebro.
Compendio.
No hace mucho tiempo, los estudiantes cogían papel y bolígrafo para hacer sus resúmenes, escribiéndolos a mano entre llaves, subrayados y flechas que, además de simular un jeroglífico egipcio, alimentaban la mielina de los axones neuronales.
Actualmente, lo más habitual es adjuntar el documento a ChatGPT y dejar que sean sus logaritmos quienes hagan el resumen, ayudándonos a abobar nuestro cerebro.
Criterio.
No hace demasiado tiempo, las personas intentaban alimentar su opinión, o pensamiento crítico, acudiendo a leer o informarse con las diferentes fuentes que dotaban a su criterio de sólido fundamento.
Actualmente, incluso para temas de cierta intimidad, se recurre al consejo de la inteligencia artificial, a su manipulación logarítmica y, lo que es peor, a la propia dogmatización de su criterio sin contrastar la veracidad o falsedad de sus postulados.
Atención.
No hace demasiado tiempo, la literatura provocaba a nivel cognitivo tres fases concatenadas: la interpretación de las varias letras que formaban una palabra, la comprensión de cada una de ellas conectadas en su frase y contexto y el despertar de la imaginación que conllevaba la interpretación anterior de forma conjunta. Así por ejemplo, al leer la frase: “La mujer de respingada nariz dilató sus azulados ojos al ver que el hombre trajeado con el que llevaba rato conversando hizo ademán de huir al aparecer su marido”, cada cerebro imagina una mujer, un hombre y un marido diferente al del resto de lectores, incluyendo la fisionomía del propio escritor que los ha creado.
Actuamente, la explosión del medio audiovisual de la mano de innumerables series, reels, tik toks, You Tube Shorts…conlleva la paulatina extinción imagintativa, en aras a una misma visión compartida, ayudándonos a atontar también nuestro cerebro.
¿Retroceso cognitivo?
Lamentablemente sí; el homo sapiens actual parece dispuesto a frenar la evolución histórica de sus facultades cognitivas, hasta el punto de iniciar un camino de regreso.
Como han publicado estudios recientes, entre ellos investigadores del MIT Media Lab utilizando escaneos cerebrales analizando usuarios de ChatGPT, se detecta ya una interrupción y reversión del «efecto Flynn» (la tendencia histórica al aumento del cociente intelectual) en las generaciones más jóvenes, especialmente entre la Generación Z y los nativos digitales. Los resultados muestran un retroceso en memoria, atención y razonamiento asociado al uso intensivo de tecnología.
La inteligencia artificial puede ser, y en ciertos usos y aplicaciones ya lo está siendo, una herramienta muy valiosa y eficiente, capaz de mejorar nuestra vida y de potenciar nuestra inteligencia de saber utilizarla a beneficio propio, evitando caer en la tentación de adormecernos en ella. Tal vez deberíamos recordar que la neurona que no conecta se duerme.
En mi cuarta novela planteo un posible suceso social a nivel mundial que, si bien en el momento de publicarse podrá será considerado un lance de ciencia ficción, la velocidad tecnológica sin freno que estamos viviendo, conllevará poder dejar de serlo en breve espacio de tiempo. Y hasta aquí puedo escribir, de momento.
¿Y tú, qué piensas?

